Los fines de semana siempre me hago un rato para ver alguna película en mi "
salita" ("armada" por vuestro blogger, un hobby de tiempo libre), y esta vez le tocó a
Die Welle (The Wave en inglés, no sé el título en español, literalmente "La Ola").
La película, como muchas otras alemanas, da alguna vuelta por el pasado nazi, pero fundamentalmente se ocupa de mostrar la posibilidad de manipulación de un grupo de personas (en este caso, adolescentes finalizando el secundario), y como las ideas totalitarias se cuelan fácilmente en esquemas en los que la individualidad sólo se expresa por la participación en un conjunto.
Podemos mirar el tema enfocando en la responsabilidad del educador, que muestra rasgos contradictorios entre un anarquismo aburguesado y un totalitarismo que se deja ver en algunos casos, con su rol de líder del "movimiento" creado con sus alumnos como un proyecto escolar. Pero también cabe un enfoque más macro, que indica que la democracia no debe tomarse por un dato imposible de modificar si se dan las condiciones habituales en las que las ideologías totalitarias florecen.
Quizá para muchos de los lectores, ya nacidos o criados en democracia, poco signifique lo dicho. Pero para un "adolescente del proceso" como vuestro blogger, quien creyó demasiadas cosas que se decían en aquellos tiempos, el mensaje es más fuerte.
Y termino diciendo que, por casi cuatro décadas, Venezuela fue un ejemplo de democracia continental, y su camino a la autocracia es sin embargo cada vez más acelerado.
El pasado viernes se cumplieron 26 años de las elecciones de 1983, parece mucho, pero en tiempos históricos es un período insignificante. También la semana que viene serán los 20 años de la caída del Muro de Berlín. Para recordar y meditar, en nuestro cada vez más complejo panorama político.