Ciertamente, circunstancias excepcionales ameritan remedios equivalentes, y la crisis de 2002 sin dudas lo fue. Pero la "estrategia" (nombre que le queda grande a lo hecho) general de la profesión no tuvo nada de extraordinario: competencia "salvaje" de precios para sobrevivir (sì, hubo excepciones con innovaciòn en materia de servicios por la masa de juicios de corralito). El resultado, para algunos habrá sido exitoso, las estructuras se mantuvieron sin mayores cambios, no hubo despidos en masa (sí algunos reacomodamientos), pero en general significo un empobrecimiento colectivo de los abogados, con un retraso en materia de honorarios que tardò años en recuperarse.
Un caso más de comportamientos individuales que en apariencia óptimos, llevan a resultados colectivos subóptimos (para los abogados, no por supuesto para los demandantes de servicios legales entonces ofrecidos a precio de ganga).
2009 no asoma con una crisis de dimensiones análogas a las de 2001, pero el impacto en la actividad económica primero endógeno por el conflicto del campo, y luego exógeno por la crisis financiera global, sin dudas llegará a los abogados corporate.
Sólo cabe esperar que eso de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra no se cumpla en esta oportunidad.
martes 14 de octubre de 2008
Si hay crisis, ¿los abogados repetiremos la "estrategia" de 2002?
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¿Qué hubiéramos hecho los Argentinos con una crisis como la de EE.UU.?
Menos en broma de lo que me gustaría, la respuesta al título de la entrada sería simplemente, algo distinto al gigantesco paquete de rescate ya aprobado y que -quizá no sea suficiente- (¿curiosidad por sabe què se podría hacer con U$ 700 mil millones?: ver acá).
Nótese que la intervención estatal, de una magnitud histórica, se hace como se debe hacer, con la socialización del costo entre todos los contribuyentes y no a costa de unos en beneficio de otros.
Aquí, seguramente, hubiéramos tenido un "festival" de medidas redistribucionistas, que nuestro pasado hace fácil imaginar:
a. Suspensión por 180 días (prorrogable sine die) de las ejecuciones hipotecarias
b. Acompañamiento "popular" con piquetes, escraches y similares contra las diabólicas entidades financieras y/o desalmados acreedores que osaran ejercer algún derecho patrimonial que la legislación de emergencia hubiera, hipotéticamente, dejado incólume
c. Dictado de una normativa especial de insolvencia para las entidades financieras, que protegiera a los accionistas, siempre merecedores de una mejor suerte en las reestructuraciones a la criolla (¿alguien recuerda cuántas empresas cambiaron de dueño durante la última crisis?), si es que no se puede evitar con algún recurso "técnico" como la entrega de títulos públicos valuados por cualquier criterio menos precio de mercado
d. De pasada,quizá alguna reprogramación de la deuda pública. Si hay crisis, que se note!
e. Devaluación para recuperar (?) la competitividad de los sectores industriales, seguidas por supuesto de retenciones elevadas para "hacer caja" parte de los windfall profits del sector exportador, aunque ello empobrezca a la mayorìa de la población.
Nótese que la intervención estatal, de una magnitud histórica, se hace como se debe hacer, con la socialización del costo entre todos los contribuyentes y no a costa de unos en beneficio de otros.
Aquí, seguramente, hubiéramos tenido un "festival" de medidas redistribucionistas, que nuestro pasado hace fácil imaginar:
a. Suspensión por 180 días (prorrogable sine die) de las ejecuciones hipotecarias
b. Acompañamiento "popular" con piquetes, escraches y similares contra las diabólicas entidades financieras y/o desalmados acreedores que osaran ejercer algún derecho patrimonial que la legislación de emergencia hubiera, hipotéticamente, dejado incólume
c. Dictado de una normativa especial de insolvencia para las entidades financieras, que protegiera a los accionistas, siempre merecedores de una mejor suerte en las reestructuraciones a la criolla (¿alguien recuerda cuántas empresas cambiaron de dueño durante la última crisis?), si es que no se puede evitar con algún recurso "técnico" como la entrega de títulos públicos valuados por cualquier criterio menos precio de mercado
d. De pasada,quizá alguna reprogramación de la deuda pública. Si hay crisis, que se note!
e. Devaluación para recuperar (?) la competitividad de los sectores industriales, seguidas por supuesto de retenciones elevadas para "hacer caja" parte de los windfall profits del sector exportador, aunque ello empobrezca a la mayorìa de la población.
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miércoles 8 de octubre de 2008
¿Sirven las calificadoras de riesgo?
Son tiempos complicados para todos, y para los abogados corporate, quizá peores. La crisis financiera comienza a proyectarse sobre la economìa real, y un panorama de menos crédito sólo anuncia menos deals y menos actividad económica. Para quienes, como yo tenemos además un compromiso intelectual con las temáticas vinculadas al mercado de capitales, es también un tiempo de reflexión. Hoy tuve la oportunidad de ver el webcast de Columbia sobre la crisis financiera, en el cual la exposiciòn de Coffee volvió a poner de manifiesto la inutilidad de las calificadoras de riesgo como "guardianes" o gatekeepers. No es sólo Coffee el crítico de esta institución propia de los mercados financieros, resulta sencillo encontrar enfoques similares como el de Partnoy. que escrito en 2006, claramente señalaba el potencial problema de la actuaciòn de las rating agencies en operaciones estructuradas.
Cierto es que ver los ganadores del domingo con el diario del lunes es sencillo (y engañoso), pero tambièn lo es que en todas las situaciones de crisis o similares de los ùltimos tiempos, la funciòn de las calificadoras de riesgo ha sido lamentable (para los inversores). No, ciertamente, son las responsables únicas de una crisis en la que -como siempre ocurre- confluyen una serie de factores identificables ex post.
Cabe preguntarse realmente si su actuación resulta hoy tan relevante como parece haber sido antaño, y si su función no se ha degradado a proveer una suerte de póliza de seguro a otros participantes del mercado de capitales, que en lugar de "hacer sus deberes", se apoyan ciegamente en una calificación de riesgo.
Sin duda el debate aumentará luego de la paupérrima inagen que dejan las emisiones AAA que pasan, casi sin escalòn intermedio, a una situación de incumplimiento. Reformas estructurales parecen ser imperativas. Ello, considerando que aparentemente no se encuentran bases para que, alguna vez, respondan legalmente por sus dichos.
Cierto es que ver los ganadores del domingo con el diario del lunes es sencillo (y engañoso), pero tambièn lo es que en todas las situaciones de crisis o similares de los ùltimos tiempos, la funciòn de las calificadoras de riesgo ha sido lamentable (para los inversores). No, ciertamente, son las responsables únicas de una crisis en la que -como siempre ocurre- confluyen una serie de factores identificables ex post.
Cabe preguntarse realmente si su actuación resulta hoy tan relevante como parece haber sido antaño, y si su función no se ha degradado a proveer una suerte de póliza de seguro a otros participantes del mercado de capitales, que en lugar de "hacer sus deberes", se apoyan ciegamente en una calificación de riesgo.
Sin duda el debate aumentará luego de la paupérrima inagen que dejan las emisiones AAA que pasan, casi sin escalòn intermedio, a una situación de incumplimiento. Reformas estructurales parecen ser imperativas. Ello, considerando que aparentemente no se encuentran bases para que, alguna vez, respondan legalmente por sus dichos.
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